En Colombia abundan las conversaciones donde el tema central es lo mal que está el país. “La corrupción”, “los políticos”, “la inseguridad”, “la falta de oportunidades”… La lista de quejas parece interminable. Y sí, hay verdades en cada una de esas críticas. Nadie niega que enfrentamos grandes problemas. Pero hay un detalle incómodo que casi nunca queremos reconocer: muchos de los que más se quejan son los que menos hacen para cambiar la realidad que tanto critican.
Es fácil hablar mal del país desde la comodidad del sofá, señalar a los gobernantes en redes sociales o repetir frases hechas sobre lo mal que está todo. Lo difícil es asumir que el país no es una entidad ajena a nosotros, que el país somos todos. Y que mientras sigamos esperando que el cambio venga de arriba, sin modificar nuestras propias acciones, seguiremos atrapados en el mismo círculo de frustración.
¿Cómo podemos quejarnos de la corrupción mientras seguimos “colándonos” en la fila, buscando palanca para un puesto, evadiendo impuestos o celebrando al que se enriquece con trampas? ¿Cómo hablar de la falta de civismo mientras botamos basura en la calle o incumplimos las normas básicas de convivencia? ¿Cómo esperar un futuro distinto si no somos capaces de votar con responsabilidad o, peor aún, si elegimos no votar?
El cambio de Colombia no se construye únicamente en el Congreso o en la Casa de Nariño: se construye en la calle, en la casa, en la universidad, en la oficina, en cada acto cotidiano donde elegimos entre la indiferencia y la responsabilidad.
Criticar es necesario, porque nos permite ver lo que no funciona. Pero criticar sin actuar es solo ruido. Nuestro país necesita menos quejas y más compromiso; menos discursos pesimistas y más gestos de coherencia.
Colombia no será distinta porque alguien más lo haga por nosotros. Será distinta el día en que cada uno entienda que el país no se cambia con palabras amargas, sino con acciones pequeñas, valientes y constantes. Al final, el verdadero patriotismo no se mide por la camiseta que usamos el día del partido, sino por la forma en que contribuimos —cada día— a que esta tierra sea un lugar más justo, digno y habitable para todos.
Juan David Gómez González
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